Arribamos ahora al último de los doce signos que hemos estado considerando y el último de aquellos que afectan a la humanidad. Es también el segundo signo que —después de la reorientación que precede al discipulado— produce cambios y oportunidad para el discípulo. Llegamos además al signo que es denominado “el signo del incentivo de vida mayor”, porque Tauro es el símbolo del deseo en todas sus fases. Tanto si el hombre subjetivo es impelido por deseo, o el discípulo es llevado adelante sobre el sendero de retorno por el afán de aspiración, o si el iniciado está controlado por la voluntad de cooperar con el Plan, él está, no obstante, siendo responsivo a la más potente manifestación de un aspecto de divinidad poco conocido y comprendido, al que damos el inadecuado nombre de la Voluntad de Dios.
Voluntad, poder, deseo, aspiración, ambición, motivo, propósito, impulso, incentivo, plan —todas estas son palabras que intentan expresar uno de los mayores atributos subyacentes y causas fundamentales (el hombre apenas sabe cuál) de manifestación, de los procesos evolutivos y de la voluntad-de-ser o la voluntad-de-vivir. La gran triplicidad deseo-aspiración-dirección (voluntad) son sólo tres palabras que tratan de describir el progreso y predisposición del hombre personalidad, hombre alma, y hombre canal para espíritu o vida. Las tres señalan inadecuadamente la causa de la triple expresión que subyace en todos los eventos, todo progreso y todos los acontecimientos en tiempo y espacio.
Fue el Buda quien clarificó para el hombre la naturaleza del deseo y sus resultados, con los desafortunados efectos que el deseo produce cuando es persistente y no esclarecido. Fue el Cristo Quien enseñó la trasmutación del deseo en aspiración que, según expresa El Nuevo Testamento, fue el esfuerzo de la voluntad humana (hasta entonces animada por, o expresada a través de, deseo) para conformarse a la voluntad de Dios —esto sin comprensión sino conformidad, en perfecta confianza y con la seguridad interna de que la voluntad de Dios debe ser todo lo que es bueno, tanto en el individuo como en el todo.
Aquí podría señalarse que así como la Era Acuariana está entrando en manifestación para nuestro planeta como un todo, trayendo en su estela concienciación universal y los nuevos modos de expresar síntesis mundial, intereses humanos y la religión mundial, así la humanidad, el discípulo mundial, está comenzando a caer bajo la influencia de Tauro. Es esta influencia la que ocasionará en este tiempo la reversión de la rueda de vida para esos en la familia humana que estén listos (y ahora son muy numerosos). Esto está sucediendo y los resultados son inevitables y no pueden ser evadidos. La gran pregunta es: Esta influencia taurina, aumentada como está por las entrantes fuerzas de Shamballa, ¿producirá el reflector de iluminación de la cual Tauro es el custodio, o simplemente fomentará deseo, aumentará egoísmo y llevará a la humanidad a las “fogosas cumbres de auto-interés”, en lugar de a la montaña de visión e iniciación?
La influencia taurina ahora debe ser juzgada como de excesiva potencia hoy en día, particularmente desde el ángulo de los valores espirituales subjetivos; es Tauro el regente y la influencia guiadora de lo que está ocurriendo en todas partes.
Quisiera llamarles aquí la atención sobre el hecho de que este es un signo sintético en el sentido de que trae expresión de un afán interno de alguna definida naturaleza sobre el plano físico. Hace esto, porque su cualidad básica demuestra como deseo en la masa de hombres y como voluntad o propósito dirigido en el discípulo o el iniciado. Manifiesta como obstinación en el hombre término medio (y esto es literalmente una voluntariosa adhesión a objetivos de la personalidad) o como voluntad inteligentemente expresada —accionada por el impulso de amor— en el hombre avanzado. Esto connota adhesión al propósito del alma. Las personas taurinas, naturalmente y por inclinación natal, harían bien en considerar esta declaración y así testear todas sus principales actividades determinantes mediante la pregunta: Mi actitud actual, mi trabajo o intención, ¿son accionados por deseo de la personalidad, o estoy trabajando y planificando directamente bajo afán e incentivo del alma? Esto debería proporcionar la nota clave de todos los problemas taurinos. El entero secreto de divino propósito y planeamiento está escondido en este signo… el “ojo del Toro” es el ojo de revelación. La meta subyacente del proceso evolutivo —“la arremetida del Toro de Dios”, como se lo denomina esotéricamente— revela con firmeza y sin cesar el estupendo y sublime plan de la Deidad. Éste es el tema que la luz revela.
Regentes Planetarios:
Regente Exotérico: Venus – 5to. Rayo.
Regente Esotérico: Vulcano – 1er. Rayo
Regente Jerárquico: Vulcano – 1er. Rayo
Venus, la energía mental de la humanidad, establece relación entre hombre y hombre, entre nación y nación, mientras que Vulcano establece relación entre el cuarto reino en la naturaleza y el primero, el reino mineral.
La subjetividad de este signo es lo que hace tan difícil su comprensión. Hasta que la humanidad no haya captado la naturaleza de la voluntad, la verdadera significación de la influencia taurina no será captada.
Palabras clave del signo Tauro:
Las notas clave de este signo son, como de costumbre, claras en sus implicaciones. Una declara la nota del aspecto forma: “Que la lucha sea sin desmayo”. La Palabra de la forma es tomar, agarrar e ir valientemente tras lo deseado. La Palabra del Alma es: “Veo, y cuando el Ojo está abierto, todo es luz”. El ojo del Toro cósmico de Dios está abierto y, desde él, luz afluye radiantemente sobre los hijos de los hombres. El ojo de la visión del hombre individual debe asimismo abrirse en respuesta a esta luz cósmica. De allí que la victoria sea inevitable pues la potencia de energía cósmica infaliblemente y con el tiempo subyugará y reorientará la energía de la humanidad.
Quizás hemos enfatizado casi hasta el punto de desconcierto la vasta agregación de energías impelentes que juegan a través de nuestro cosmos; el hombre individual bien puede quedar anonadado por la sensación de su impotencia y su futilidad única. Pero esto sólo se debe al estado relativamente subdesarrollado de su “aparato receptor”. Cuando esté así desconcertado, que recuerde que potencialmente posee la habilidad creativa para construir y gradualmente desarrollar un mejor mecanismo de recepción que le permitirá finalmente ser responsivo a todos los impactos y a todo tipo de energía divina. Esta capacidad es indestructible y es en sí misma un foco divino de energía que debe llevar e indefectiblemente llevará adelante el bien emprendido bajo la inspiración del Gran Arquitecto del Universo. Él modela todas las cosas para un fin divinamente previsto, y en este signo —a través de Sus agentes, Venus y Vulcano, tipificando la forma y el alma— conducirá al hombre de lo irreal a lo real.
Extraído de: Astrología Esotérica, Alice Ann Bailey


