El Planeta — La Luna (velando un planeta)

La Luna es ahora el frio residuo, la sombra, arrastrada tras el nuevo cuerpo adonde han pasado, por transfusion, sus poderes y principios de vida. Se halla ahora condenada a estar persiguiendo a la Tierra durante largas edades; a ser atraída por ella y a atraer a su vez a su hija. Constantemente vampirizada por su hija, se venga penetrándola por todas partes con la influencia maligna, invisible y emponzoñada, que emana del lado oculto de su naturaleza. Pues es un cuerpo muerto, y sin embargo, vive. Las partículas de su cuerpo corrupto hállanse llenas de vida activa y destructora, a pesar de que el cuerpo antes animado por ellas, carece de alma y de vida. En realidad, la Luna es el satélite de la Tierra sólo en un sentido, o sea en el de que la Luna gira en torno de la Tierra. Pero en cada uno de los demás aspectos, es la Tierra el satélite de la Luna y no viceversa... (por ejemplo, como el alma es hoy el satélite de la forma).Por sorprendente que parezca esta declaración, no dejan de confirmarla los conocimientos científicos. Son evidencias en favor de ello las mareas, los cambios cíclicos en muchas formas de enfermedades que coinciden con las fases lunares; puede observarse en el desarrollo de las plantas, y es muy marcada su influencia en los fenómenos de la concepción y gestación humanas. La importancia de la Luna y su influencia sobre la Tierra eran reconocidas por todas las antiguas religiones, especialmente por la judía, y han sido notadas por muchos observadores de fenómenos psíquicos y físicos. D. S. I, 189.

La Luna no ha sido siempre reverenciada, según se demuestra en los Misterios, en donde la muerte del Dios–Luna —las tres fases de desvanecimiento gradual y final desaparición— estaba alegorizada por la Luna en representación del Genio del Mal, que, por el momento, triunfa sobre el Dios productor de la Luz y de la Vida, el Sol; y era necesaria toda la habilidad y sabiduría de los antiguos Hierofantes en Magia para convertir en triunfo esta derrota. D. S. I, 245.

Siendo la Luna un cuerpo inferior, aun respecto de la Tierra, sin hablar de otros planetas, los hombres terrestres producidos por sus Hijos (los Hombres Lunares o los Antecesores), de su corteza o cuerpo, no pueden ser inmortales. No pueden ellos llegar a ser hombres verdaderos, conscientes e inteligentes a menos de ser “acabados”, por decirlo así, por otros creadores. D. S. III, 57.

Así como… la Inteligencia Universal, nace primeramente o se manifiesta como Vishnu, y luego, cuando cae en la Materia y desarrolla conciencia propia, se convierte en egoísmo, así también Manas es de una naturaleza dual. Se halla respectivamente bajo el Sol y la luna, pues como dice Shankarâchârya: “La Luna es la mente, y el sol el entendimiento. D. S. IV, 202 (llamada).

… la Luna es un planeta muerto, del que se han desprendido todos los principios. El Sol representa, según el esoterismo oriental, a un planeta invisible que se halla entre Mercurio y el Sol; y la Luna a otro planeta que parece haber ahora desaparecido de la vista. D. S. V, 100.

La luna está muerta y no puede sustentar vida porque el hombre y los devas constructores han sido removidos de su esfera de influencia.” F. C. 109.

“La luna está en proceso de desaparecer y sólo queda un cuerpo en descomposición. La vida del segundo Logos y del primer Logos han sido retiradas y sólo permanece la vida latente de materia misma.” F. C. 361.

“La luna: [e498] Fue el lugar de fracaso sistémico. Estuvo conectada con los principios inferiores. Fue la fuente de la miseria sexual experimentada en nuestro planeta. Fue detenida en su evolución por la oportuna interferencia del Logos solar.

El origen de la disputa entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad… puede ser rastreado hasta la Luna.” F. C. 362-63.

La exaltación de la forma, regida por la Luna, puede ser rastreada a lo largo del zodiaco entero y proporciona en sí misma una historia interesante y progresiva que no tengo intención de tratar en este momento. La narran las diversas mujeres que figuran en las diferentes constelaciones y en torno a ellas algún día se construirá la astrología de la forma. Está Casiopea, Venus, Cabellera de Berenice, Andrómeda y una o dos más, además de Virgo, la Virgen, la más importante de todas ellas. Aquí sólo puedo indicar un campo de pensamiento y de investigación astrológica no tocado hasta ahora, pero no tengo tiempo para la interpretación de este vasto y provechoso campo de conocimiento. “Nuestra Señora, la Luna” está relacionada con todas estas y antes de la gran disrupción en un sistema solar anterior que condujo a que la Luna deviniera un planeta muerto, las energías de estas estrellas y algunos [e295] de los planetas que fueron producidos a través de su actividad, estaban todos enfocados en la Luna y trasmitidos por ella de una manera muy misteriosa aunque poderosa.

… la influencia de la luna es de naturaleza y efecto puramente simbólicos y es simplemente el resultado de antiguo pensamiento y enseñanza (descendida a nosotros de tiempos lemurianos) y no se basa en ninguna radiación o influencia verdadera. En esos tiempos remotos, antedatando aun a Lemuria y constituyendo en días lemurianos simplemente una antigua tradición, la luna parecía ser una viviente entidad vital. Pero quisiera que ustedes tuvieran definitivamente en cuenta que hoy la luna es nada más que una forma muerta. No tiene emanación alguna ni radiación alguna de ninguna clase y, por lo tanto, no tiene efecto alguno de ninguna clase. La luna, desde el ángulo del conocedor esotérico, es simplemente una obstrucción en el espacio —una forma indeseable que algún día debe desaparecer. En astrología esotérica, el efecto de la luna es notado como un efecto de pensamiento y como el resultado de una poderosa y muy antigua formapensamiento; no obstante, la luna no tiene cualidad propia ni puede trasmitir nada a la Tierra.

Les recordaría aquí que usualmente se estima que la Luna “vela” o “esconde” algún planeta, y de estos hay tres que la Luna pueda estar velando. Aquí la intuición del astrólogo y del estudiante esotérico debe ser llamada a actuar. Estos planetas son Vulcano, Neptuno o Urano. Estos tres crean e influyen ciertos aspectos del principio Madre, que nutre y alimenta la vida de la realidad divina interna hasta que llega el momento en que el Cristo niño es llevado a nacer. Ellos determinan o condicionan las naturalezas física, astral y mental, creando así la personalidad. Forman un triángulo de inmensa potencia creativa, tema sobre el cual me extenderé más adelante al tratar la Ciencia de Triángulos.

Permítaseme reiterar: La luna es una forma muerta; no tiene en absoluto emanación alguna. Por eso en la antigua enseñanza se habla de la luna como “velando a Vulcano o a Urano”. Esta insinuación o inferencia siempre ha estado aquí y los astrólogos harían bien en experimentar con esta sugerencia que hice acerca de la Luna y (en lugar de trabajar con la luna) que trabajen con Vulcano cuando se trate del hombre término medio o no desarrollado y con Urano cuando se esté considerando al hombre altamente desarrollado. Encontrarían algunos resultados interesantes y convincentes.

Extraído de: Astrología Esotérica, Alice Ann Bailey, y La Doctrina Secreta, Helena Blavatsky