Este es uno de los signos más difíciles acerca de los cuales escribir pues, como saben, es el signo más misterioso de los doce. Es el signo de la cabra que busca su sustento en los lugares más rocosos y áridos del mundo y, por lo tanto, relaciona al hombre con el reino mineral; también es el signo de los Cocodrilos que viven mitad en el agua y mitad en tierra seca; espiritualmente es el signo del Unicornio, “la criatura luchadora y triunfante”, de los mitos antiguos. Bajo el simbolismo de las criaturas antedichas, este signo nos da un cuadro bastante completo del hombre con sus pies sobre la tierra, pero corriendo libre y subiendo a las cumbres de ambición mundana o de aspiración espiritual en busca de lo que él se da cuenta (en cualquier momento particular) que es su necesidad mayor. Como la Cabra, él es hombre, el terreno, humano y codicioso buscador en pos de la satisfacción del deseo, o el hombre, el [e124] aspirante igualmente egoísta persiguiendo la satisfacción de su aspiración. Este signo nos representa al hombre, un animal ambicioso en dos sentidos de la palabra: en la primera etapa sobre [i154] la Cruz Mutable, el hombre, la mezcla de deseo (agua) y la naturaleza animal (tierra), y sobre la rueda revertida, el hombre, la mezcla de alma y forma. Nos proporciona también un cuadro del iniciado triunfante, el “unicornio de Dios”…
El símbolo de este signo es indescifrable y lo es intencionadamente. A veces se lo llama la “firma de Dios”. No debo intentar interpretarlo para ustedes, en parte porque nunca ha sido dibujado correctamente todavía y en parte porque su correcta delineación y la habilidad del iniciado para representarlo produce una afluencia de fuerza que no sería deseable, excepto después de la debida preparación y comprensión. Es mucho más potente que el pentágono y deja al iniciado “desprotegido”.
Ante todo, Capricornio es un signo de tierra, y en él tenemos expresado el punto más denso de materialización concreta del que el alma humana es capaz. El [e127] hombre es entonces “de la tierra, terrenal”, y es lo que el Nuevo Testamento llama “el primer Adán”. En este sentido Capricornio contiene en sí mismo las simientes de muerte e irreversibilidad —la muerte que tiene lugar final y eventualmente en Piscis. Reflexionen sobre esto. Cuando la cristalización ha llegado a un cierto grado de densidad y así llamada “dureza”, es fácilmente destrozada y destruida y el hombre, nacido en Capricornio, ocasiona entonces su propia destrucción; esto se debe a su naturaleza fundamentalmente materialista, más los “golpes del destino” que son las actuaciones de la ley de karma. Una y otra vez se logra cierta medida de concretización, sólo para sufrir nuevamente destrucción, previamente a la liberación de la vida y la reconstrucción de la forma.
En segundo lugar, Capricornio es siempre el signo de conclusión, y la cima de la montaña es frecuentemente (aunque no siempre) el símbolo de esto, pues marca el punto más allá del cual no es posible el ascenso en cualquier ciclo de vida particular. Capricornio es por lo tanto el signo que esotéricamente ha sido denominado “detención periódica”. El progreso deviene imposible bajo las formas existentes y tiene que haber descenso al valle de dolor, desesperación y muerte antes de que tenga lugar un renovado intento de escalar las cumbres. El intento actual de trepar al monte Everest es asombrosamente simbólico, y está siendo observado con mucho interés por la Jerarquía, pues en este esfuerzo vemos el intento de la humanidad por alcanzar la cima de [i159] la montaña cuya altura hasta ahora ha desafiado todos los esfuerzos. Pero —y esta es la materia de momento y de interés— cuando la humanidad emerja a la luz y relativa gloria de la nueva civilización, al mismo tiempo conquistará esta última cumbre restante. Aquello que es de la más densa materialidad y que es la consumación de la grandeza terrena permanecerá —pero estará bajo los pies de la humanidad.
En tercer lugar, Capricornio es, como consecuencia de todo lo antedicho, el signo en el cual es inaugurado un nuevo ciclo de esfuerzo, sea este esfuerzo en conexión con el hombre individual o con el iniciado. Esfuerzo, tirantez, lucha, la pelea con las fuerzas originarias del bajo mundo, o las arduas condiciones que comportan las pruebas de discipulado o iniciación —estos son distintivos de experiencia en Capricornio.
En Capricornio tenemos el triunfo de la materia; alcanza su expresión más densa y más concreta; pero este triunfo es seguido por el del espíritu. En Capricornio hay plena expresión de la naturaleza terrena pero también inmensas posibilidades espirituales.
La triplicidad en la que se divide cada signo y que denominamos decanatos, es de particular interés en el caso de Capricornio. Como es el caso en toda correspondencia, a esta triplicidad se la puede relacionar con los tres aspectos de Dios y del hombre —espíritu, alma y cuerpo. El decanato central es por lo tanto de peculiar momento en nuestro período mundial ya que concierne al efecto de las influencias planetarias, los rayos solares y la energía de las constelaciones sobre el alma o el aspecto conciencia. Este es el caso ya sea que consideremos al hombre en la rueda común o al hombre en la rueda revertida. Desde la perspectiva de interpretación astrológica y en el caso en que el astrólogo no esté seguro de la dirección en que gira la rueda, es el único decanato con su regente del cual puede estar seguro. La influencia del regente es, por lo tanto, inevitable. …Los verdaderos regentes son Saturno, Venus y el Sol. Les recordaría que Mercurio y el Sol son intercambiables pero en este caso el Sol representa exotéricamente a Mercurio y esotéricamente a un planeta oculto.
Regentes Planetarios:
Regente Ortodoxo… Saturno 3er. Rayo
Regente Esotérico… Saturno 3er. Rayo
Regente Jerárquico… Venus 5to. Rayo
Ustedes notarán cómo, en este gran signo de iniciación, Saturno revela la naturaleza del tercer aspecto de divinidad, la naturaleza de sustancia inteligente; Venus revela la naturaleza del segundo aspecto, que es conciencia o amor inteligente, mientras que el Sol —el Sol físico y el corazón del Sol juntos— revela la síntesis de estos dos.
Palabras clave del signo Capricornio:
Las palabras clave en la rueda común son: “Y la Palabra dijo: Que ambición rija y que la puerta permanezca ancha”. Aquí tenemos la clave del impulso evolutivo, del secreto del renacimiento y de esa palabra que reverbera desde Cáncer a Capricornio. La puerta de iniciación permanece siempre abierta, pero durante eones el hombre prefiere la puerta abierta en Cáncer. La ambición lo impele adelante de vida en vida, hasta que descubre la inutilidad de toda gratificación terrena. Gradualmente entonces la ambición espiritual y un deseo de liberación toman el lugar de la ambición mundana, y devienen un impulso imperioso, hasta que finalmente llega el momento en que un verdadero sentido de la realidad [e138] sustituye tanto la ambición terrena como la espiritual. El hombre puede entonces decir con verdad: “Perdido estoy en luz superna, [i174] sin embargo a esa luz doy mi espalda”.
Extraído de: Astrología Esotérica, Alice Ann Bailey


